Si te tomas la vida demasiado en serio, ya valiste madres, estás frito, y condenado.
Y eso es lo que tiene el fútbol, ¿no? Es increíble que un estúpido equipo uniformado de 11 jugadores corriendo y pateando una pelota sea capaz de despertar toda clase de emociones.
Con el paso de los años he aprendido a entender a la gente que no le encuentra sentido, pero es evidente su frigidez en su miserable vida (siempre y cuando tengan esa misma pasión por la música o algo más o menos trivial).
Pobres personas, jamás sintieron cómo se te va el alma del cuerpo cuando un balón del odiado rival pasa mordiendo la línea de gol entre 14 mil piernas. Cuando el árbitro marca un penal en contra de tu equipo en los minutos finales del encuentro.
Jamás experimentaron el genuino júbilo de regodearse del dolor ajeno y sólo así poder mitigar el propio.
Al final, creo que esto se trata de vivir, de sentir, de gozar y de sufrir. Existen días que desearía odiar el futbol, o que al menos me resultara indiferente, para no angustiarme tanto por algo tan trivial.
Pero luego, cuando toca ser estúpidamente feliz, descubres que todo valió la pena. Es un juego bastante entretenido, la verdad… siempre y cuando no pierdas de vista que no es más que eso: un juego.
Ojalá nunca deje de ser esclavo de las estúpidas pero vitales sensaciones que emanan de él.
Texto escrito por Barak Fever y adaptado por un servidor.









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