El Atlas revive... a costa de todo.
Pese a cargar con sus pecados característicos del torneo, los Rojinegros, con base en el pundonor, la garra y el deseo de algunos en el terreno de juego, empataron 3-3 ante un América "canchero" y que depende demasiado de sus individualidades.

Los errores infantiles se siguen cometiendo aún en los Cuartos de Final, con desatenciones en la zaga, salidas apresuradas del portero, poca productividad y bajo entusiasmo de los extranjeros que juegan al frente.
No obstante, una gran actuación de los costados y un espíritu de guerra de elementos como Andrés Guardado, Carlos Balcázar y el mismo Denis Caniza, deja a los Zorros con los hechos por consumarse el domingo en el Azteca.
El empate, por el momento, le da el pase a los azulcremas; sin embargo, los Zorros demostraron que venderán muy caro el pase a la Semifinal y que por sus colmillos se pasea un delirio de venganza sobre el Águila que los eliminó el torneo pasado.
En una noche contrastante, en la que Atlas tuvo que venir de abajo en tres ocasiones, la defensa comenzó con ímpetu, pues fueron varios intentos de Juan Pablo Santiago y Hugo Ayala los que pusieron en predicamento a Guillermo Ochoa.
Los de Coapa ya sabían cuál era su misión: matar psicológicamente a los jóvenes atlistas, ya fuera con un gol tempranero de Salvador Cabañas, quien aprovechó un gran contragolpe, o con las numerosas pantomimas e intimidaciones de Cuauhtémoc Blanco.
Para que los locales resucitaran tenía que venir un centro del más vilipendiado por la afición. Jaír García se sacó las ofensas con un pase al corazón del área que, en una batalla de piernas, cayó en el "Tripa", quien se encargó de empujar.

Pero al América le bastaba el destello de su máxima figura para seguir en la pelea. "Temo" sacó el taquito y el balón le quedó a Carlos Infante, quien fintó un pase, pero en realidad disparó ante la pésima salida de Antonio Pérez.
Aunque el dominio era rojinegro, Nicolás Olivera estrellaba casi todos sus pases en los zagueros rivales. Reinaldo Navia entró como una solución, pero terminó siendo un lastre, ya que no jalaba marca, no encaraba y sus compañeros jamás lo encontraron perfilado para anotar.
Pero un joven, cuyo futuro europeo hace que sus pies se muevan, le puso energía al encuentro. Guardado ya había dejado plantados a los visitantes en varias aproximaciones cuando se acordó que su amigo, Ochoa, era su cliente en los disparos de media distancia.

Nadie puede decir que Atlas ganó o perdió... hasta que pite el nazareno. El dramatismo de los Zorros alcanzó para que Cabañas, con el 3-2, de nueva cuenta hiciera pensar lo peor para la vuelta.
Sin embargo, la voz de la conciencia salpicó a Gasso, quien a los 85' marcó un rigorista penalti, tras un empujón de Duilio Davino sobre Rafael Murguía. Finalmente, Olivera hizo válido el tiro de castigo, con todo y la presión de Blanco y "El Gringo" Castro en su oído.

Todo se definirá en la Capital; por lo pronto, los sueños rojinegros podrían alcanzar para un fin de semana más.

Fuente: MURAL